Hetero Maduras

Doña Margarita


Las imágenes en la pantalla del cine se sucedían unas a otras, el título de la película no lo había visto ni se había interesado por él; en el apuro por ingresar a la sala sólo había logrado comprar los dos boletos y no importaba más nada.

No deseaba que la gente lo viera con la señora, tanto por la diferencia de edades, el hecho de que era la madre de uno de sus amigos, asi como por sus características físicas, no se explicaba como había aceptado ir al cine con ella ni de cómo se encontraba en una cita sexual, SI!; una cita para cojerse a una señora que era la madre de uno de sus amigos del barrio.

Era bajita, de ojos alegres y una sonrisa agradable, su pequeño cuerpo, que muy bien podría estar por debajo de los 1.50 metros; tenía algo de correcta distribución; un bonito trasero que sobresalía de su escasa envergadura y un par de tetas que con 42 años y aún después de haber amamantado a dos hijos, mantenían una postura erguida y denotaban una suavidad deseable, pero; existía un no se qué…. algo que hacía que esa cita se sintiera como algo que no debía suceder.

La pantalla continuaba mostrando los cuadros prohibidos para menores de edad, la hermosa enfermera atendía al morboso abuelo del protagonista, mientras era observada por detrás de la cortina por el padre del mismo protagonista y la sensual enfermera con un uniforme blanco, que ajustadamente enclaustraba un par de deliciosas tetas; preparaba la inyección para el enfermo e inmediatamente sentía un pellizcón que casi extraía un pedazo de las carnosas nalgas, una típica escena de las películas prohibidas para menores de 18 años que la famosa actriz italiana Gloria no se qué, había filmado para el deleite de millones de morbosos espectadores como nuestro Sergio, aunque en esta ocasión no prestaba un ápice de atención a la película, en su mente se proyectaban otras imágenes.

Entre pensamientos lejanos y el bullicio de la sala del cine, Sergio fue sorprendido por una mano que apretaba su pierna derecha y le susurraba al oído que era hora de salir del cine y le mostraba que la ansiedad se adueñaba de la diminuta y morbosa señora.

Espérese un poquito más, me pareció haber visto un amigo por aca cerca…

El pretexto no era mas que un débil argumento que le permitiría dilatar un poco el suceso que parecía inevitable, no sabía que esperaba; pero tenía la remota esperanza de que algo sucediera, algo…

El endeble razonamiento del jovencito pareció encender nuevas ansias en la pequeña golosa, le aumentó el deseo y se dispuso a asegurar la presa de la cacería, sin mas miramientos se abalanzó sobre Sergio y tomándolo de la mejilla lo acercó hacia su boca y le plantó un beso que humedeció los temblorosos labios de él, correspondió en forma un tanto fria pero al mismo tiempo se despertó un tímido deseo.

La hambrienta mujercita se propuso despertar el deseo en el simpático jóven y con sutileza encajó las yemas de los dedos en la cara interna del muslo, provocando una sensación hasta entonces desconocida para Sergio; éste sintió que los ovoides pendientes se contraían hacia el interior del pubis y un espasmo se hacía presa de su espalda y avanzaba hacia su torax, lo que hizo que instantaneamente se estremeciera y lo obligara a marcar una nerviosa sonrisa.

Carájo!!!…. qué es esto?

Ja, ja, ja… Es sólo una cucharadita de un delicioso banquete que te espera.

Si, estaba claro que la diminuta señora se las sabía todas y que la sesión podría ser interesante, pero Sergio continuaba rememorando la ocasión en que se había iniciado todo, esa noche en que casualmente se había erguido como su salvador, el salvador de una declarada víctima de dos ebrios invitados de la boda en que se la disputaban como la presa de esa noche, quizás uno de ellos, quizás los dos habrían podido cojérsela, las copas de más eran complices de una segura cogida que él había evitado.

Sin proponérselo, apareció en un rincón apartado de la fiesta, buscaba un lugar apacible para pensar en la manera de reconciliarse con su chica, no estaban saliéndole bien las cosas con ella y lo peor de todo es que estaba realmente enamorado y fue entonces que surgieron las siluetas de tres personas y a medida que la vista se fue acostumbrando a la obscuridad del rincón, pudo reconocer a la madre de su amigo, la diminuta señora estaba siendo manoseada por los dos ebrios y ella casi no oponía resistencia, solo alcanzaba a emitir unos guturales sonidos, pero claramente comprensibles.

Comprendió que si no intervenía, la señora sería obligada a albergar macizos de carne que no deseaba, uno de los borrachos besaba a la víctima y con las manos magreaba a conciencia cada uno de los senos que pendían por encima del maltrecho vestido, mientras el segundo trataba de violentar la parte baja de la mujercita, manoseaba las piernas con una mano y con la otra trataba de bajarle los calzones y se empeñaba en introducir su cabeza en dirección a la cueva milagrosa, era todo un violento espectáculo.

Mierda!…Que pasa aquí?… Carájos, suelten a esa mujer!!!

La orden sonó fuerte e imponente y los protagonistas se pararon en el acto dirigiendo sus culpables miradas hacia el origen del sonido, el miedo hizo que al instante fuera liberada la víctima, pero al reconocer que el propietario de la orden no era más que un jovenzuelo, los excitados borrachos intentaron retomar a su víctima e intimidar al quijotezco héroe, pero la embriaguez de ámbos era un factor a favor del salvador y en forma tambaleante se dirigieron amenazantes hacia Sergio, quien de un empujón logró que cayera el primero de ellos y el segundo comprendió que podría salir con las de perder, además que su parentezco con la novia no le dejaría muy bien parado en caso de que se diera un escándalo, por lo que optó por dejar ahí las cosas y argumentó una débil excusa que Sergio no tuvo en la más mínima atención.

La mujercita procedió a acomodar su vestimenta y jadeante expresaba unas palabras de agradecimiento que apenas y eran audibles, sonaban a desesperación, a vergüenza, a desconsuelo.

Gracias jóven, no se que me habria pasado si Ud. no se aparecia por aca…

Esta bien Doña Margarita?

Ah!…sos vos Sergito, que vergüenza!

El estropeado vestido habia quedado como una bata de dormir, ya que el pronunciado escote estaba razgado y casi partía en dos la prenda, tal la ferocidad con que la habían atacado los borrachines, tanto asi; que el brazier lo habían desgarrado por completo y las nada despreciables tetas de la mujercita pendían despojadas de su abrazadera y se le mostraban a Sergio en toda su plenitud, hasta que la señora logró acomodarlas lo mejor que pudo y se incorporó para acomodar el resto de su vestimenta.

El jóven no pudo evitar el sentir una especie de deseo al apreciar los atributos de la hasta hace unos instantes víctima, y se recriminó ese instinto animal que develaba un salvaje sentimiento que todos guardamos en el interior de nuestro ser y que algunos lo tienen mas desarrollado hasta el grado de florecer hasta la superficie. La mujercita se acercó hacia él y le suplicó que la acompañase hasta su casa, pues temía que los borrachines la estuvieran esperando en algún lugar y completaran su fechoría.

Sergio pensó que la señora tenía razón y que además, la fiesta para él no representaba nada interesante, por lo que accedió a acompañarla hasta su posada, comprobando además; que también la señora había tomado unas copas de más. Probablemente en su estado de ebriedad habría podido ocasionar unos deseos salvajes en sus atacantes, no se sabría nunca; pero la verdad es que por la cabeza del jóven se cruzaron unas locas ideas de que de salvador, podría pasar a convertirse en receptor de los favores de la mujercita.

Un nuevo sentimiento de culpa le invadió y trató de convencerse de que debía portarse como un caballero, y limitarse a proteger a la diminuta señora, que nada pasaría y que ahí terminaba todo. Pero lo que no se imaginaba, era que Margarita tenía planeado otra cosa para él, posiblemente la señora si había experimentado alguna sensación de placer al ser violentada por los dos borrachines, quizás sí los había provocado, no se sabrá nunca, pero de seguro que algo si experimentó, algo experimentó.

Salieron sin despedirse de nadie y abordaron un taxi que los condujo hasta la casa de la señora, reinando un sepulcral silencio en casi todo el trayecto. De rato en rato se detectaban unos suspiros de la dama y Sergio de reojo la miraba para percatarse del estado de ella, quien iba sumida en pensamientos y una tristeza que probablemente habia sido causada por la frustrada violación.

Sergito, quiero pedirte un favor.

Si, dígame Doña Margarita.

Por favor, no le vayas a comentar a nadie lo de hoy, no quiero que se enteren mis hijos.

No hay problema, nadie lo va a saber.

Gracias, no se como pagarte.

No es nada, no se preocupe.

La noche aún era jóven, el marido de la mujercita estaba de viaje, los hijos siempre regresaban tarde y por ende, la casa estaba vacía y nadie podría verla en el estado en que regresaba de la malograda fiesta de bodas de la hija de una de sus amigas. Parece ser un denominador común entre las víctimas de tales actos, la de guardar silencio sobre el asunto, instinto de conservación supongo.

Bajaron del taxi que los habia transportado y se dirigieron hacia la casa, Sergio se aseguró de que la señora penetrara en ella y se dispuso a despedirse, cuando inesperadamente la mujercita se tambaleó y caía de bruces en el umbral de la estancia, la reacción del jóven fue inmediata y se inclinó para ayudar a la mujercita, al tiempo que le preguntaba sobre su estado.

Que le pasa Doña Margarita, se siente bien?

Si, si, estoy bien; solo un poco mareada.

Sa ha lastimado? Déjeme ayudarla.

Gracias, estoy bien; ayudame a levantarme.

La mujercita estaba ebria aún, o al menos eso parecía; por lo que Sergio se brindó como apoyo para que ella se incorporara al tiempo que con el trasero, Margarita empujaba la puerta para cerrarla y con una hábil maniobra, halaba su escote para permitir que las tetas se liberaran y se mostraran al jóven que la acompañaba, todo en uno se efectuó con la velocidad de un relámpago.

Sergito, vas a tener que ayudarme; no me sostengo en pie.

Claro, no hay problema; yo la ayudo.

Parece que me excedí en las copas, que vergüenza.

No se preocupe, pasa a veces.

El diálogo surgía y la vista de ámbos no desperdiciaba momento alguno, Sergio no quitaba los ojos de las descubiertas tetas de Margarita, a la vez que abrazada la conducía hacia su dormitorio, mientras que la mujercita admiraba el bulto que se iba formando por debajo del pantalón del muchacho, la erección se hacía latente y los cuerpos de los dos aumentaban en temperatura.

Con el pretexto de asirla con seguridad, Sergio pasó su brazo izquierdo por debajo del de Margarita, de tal manera que con la mano alcanzaba el costado de su teta izquierda en forma disimulada, mientras que Margarita movía su mano derecha para rozar el bulto del joven, ambos se conducían a una inminente fornicación, disimulada, deseada y por que no decirlo; premeditada.

Ya en el dormitorio, Sergio la depositó en la cama y la señora se asió de la cintura del jóven y emitía lastímeros ayes sobre su vergonzoso estado, el mareo que la aquejaba y mas sinrazones.

Ay Sergito, que mal me siento.

Ya se le va a pasar y se sentirá mejor.

Si creo que si, pero no te vayas todavía, no me dejes sola.

Pero ya se esta haciendo tarde, ya van a venir sus hijos.

No, ellos siempre vienen tarde y no quiero estar sola.

Hablaba y asía la cintura de Sergio, al tiempo que con la mejilla palpaba el bulto notorio del jóven, el que aprovechaba para rozarlo suavemente, mientras que Sergio sin poder ver las tetas de Margarita, trataba de avanzar la mano que había colocado en la espalda de ella, hasta alcanzar la naciente de la teta izquierda por el costado, la calentura se hacía presa de los dos.

Creo que es hora de irme, puede llegar alguien y pensar mal.

No, no te vayas todavía, esperate un ratito.

A sabiendas que debía actuar rápido, la mujercita se desplomó en la cama dejándose caer de espaldas y llevándose el dorso de la mano a la frente, lo que hizo que el desgarrado escote elevara una teta y la apuntara hacia Sergio, paralelamente elevo una rodilla y con ese movimiento descubrio el bloomer rosado que permitía mostrar la preciosa concha y la parte baja del par de sus deliciosas nalgas, una maniobra descarada de la excitada fémina.

Ayyyyy….la cabeza me da vueltas, me siento mal.

El jóven no sabía que responder, sólo atinaba a deleitarse con el cuadro de exhibicionismo que se le brindaba; las cortas piernas se balanceaban frente a él y el brazo de la mujercita se bamboleaba y transmitía ese movimiento a la teta descubierta y aprisionada por el escote, acto seguido el cuerpo de la señora se giró en 180 grados para mostrar la otra mitad,; como tratando de convencer al cliente de que la mercancía vale el costo que se pide, el costo de la sexualidad juvenil.

Ayyy…Sergito, ayudame; me siento mal.

Ya se le va a pasar, no es nada grave.

Embobado, el muchacho respondía, pero no dejaba de absorver con la mirada toda la sexualidad de la señora, la que con la mirada oculta; no se perdía un solo detalle de el efecto que en el jóven causaba, era cuestión de tiempo nada más, de un momento a otro podría actuar mas atrevidamente y conseguir que el jóven le regalara ese pedazo de carne que guardaba prisión en el abultado pantalón. La mujercita trató de incorporarse en la cama y fingió que las fuerzas no se lo permitían, por lo que el voluntarioso muchacho se acercó para ayudarla y al tomar sus hombros, la sagaz mujercita aprovechó para aferrase al duro mástil que ya no resistía el enclaustramiento y con las tetas colgando, dimensionó el aparato.

Uyyy… Sergito, mira lo que tenemos aca!

Pues, no es nada.

Que bárbaro! Tan chico y tan mandado!

No sea exagerada, es normal nada mas.

Ya habían sido puestas las cartas sobre la mesa, y sin mas recato; la señora procedió a bajar el cierre que ocultaba el pedazo de carne que enrojecía a causa de la sangre que recorría el miembro con una velocidad espantosa, lo liberó y con la mano comenzó un encantador masaje que transportaba a nuestro jóven hacia las extremidades del placer, la picha parecía haber sido invadida por una enredadera que la abarcaba en toda su longitud, tal la impresión que le daban las hinchadas venas del mástil.

El latido de los corazones colmaba el dormitorio con un ritmo que se intercalaba de un corazón a otro, los pantalones del muchacho se deslizaron por las piernas y lanzaron un sonido originado por el choque de la hebilla con el suelo, mientras que desesperadamente la mujercita se despojaba de la desgarrada vestimenta que aún la cubría. Apretó los glúteos del jóven y la erguida picha fue a clavarse al orificio bucal de Margarita, quien sin ningún recelo comenzó a prodigarle de unas lamidas electrizantes, el glande aparecía y desaparecía en la boca y cada vez que salía adquiría un color más obscuro, casi amoratado.

La excitación estaba al máximo de su potencia, la mujercita se dejó caer de espaldas en la cama, halando consigo al muchacho y de forma impresionante el falo fue a introducirse directamente al humedecido agujero de la mujercita, era tanta la humedad de la concha que la capacidad de la picha reemplazó una cantidad equivalente de jugos y por supuesto, entró como surfeando en un mar de placer y Sergio instintivamente empujó con sus nalgas para ahondar mas en la profundidad de Margarita.

El instinto animal de Sergio salió a flote y colocando las rodillas en la cama, tomó de las piernas a su hembra y la alzó a la altura de su vientre para perforar con todas sus fuerzas a esa mujer que le brindaba su intimidad, la sensación fue lo mejor del momento; la vieja sentía que sus entrañas eran invadidas por el mástil y no quería que el intruso se le escapara, por lo que apretó las piernas para aprisionar al miembro y contrajó su interior y el masaje le brindaba al muchacho un placer indescriptible.

Decidió pararse en la cama y paralelamente aprisionaba las nalgas de la mujer, lo que hizo con tal vehemencia que parecía que la hembra se partiría en dos, literalmente la estaba descuartizando; con los ojos cerrados y alzando la vista hacia el techo, atrajo las nalgas de la mujercita y el falo alcanzaba lo más recondito de la intimidad femenina, la que a su vez sentía como su cabeza apenas y rozaba la cama y con las manos trataba de dar estabilidad a su cuerpo, sintiendo como la penetración le daba un gozo de proporciones inimaginables, un poco de dolor mezclado con un cosquilleo placentero le anunciaba un cercano acto de clausura, la sangre se calentaba al compás de las embestidas.

El chapoteo que se escuchaba con cardíaco ritmo, aumentaba la sensación de placer; los cuerpos se tensaban y las piernas temblaban, la fuerza con que Sergio apretaba las nalgas de la mujercita, hizo que el tronco de la hembra se incorporara y el muchacho la ayudó con una mano en la espalda, al momento que las piernas femeninas abrazaban la cintura y las bocas se fundían en un húmedo beso, las tetas comprimian su volumen en el pecho del jóven y se producía la inevitable descarga, una corriente eléctrica recorría ambos cuerpos y el efecto obligo al muchacho a doblar las piernas y caer arrodillado en la cama y la hembra caía sentada en las piernas de él, sin soltar al prisionero mástil, completamente envainada.

Las fuerzas abandonaban a ámbos y pesadamente se desplomaron hacia un costado, las jadeantes respiraciones delataban un acalorado ajetreo y la noche seguia su curso, el tiempo había avanzado inexorablemente, en cualquier momento aparecerían los hijos de Margarita.

Que momento, que cogida, que estupidez, si se entera alguien de esto y se lo cuentan a su chica; no le iba a gustar el resultado, tiene que vestirse rápido y abandonar el lugar donde se ha cometido la fechoría. Sintiendo que había recibido un invalorable favor, comprendía que tambien no podía continuar en la casa de Margarita, la miró y vistiéndose lo más rápido que pudo se despidió de ella y cubierto por la obscuridad de la noche y la soledad de la calle, abandonó la casa de la mujercita.

Esas eran las imágenes que se le proyectaban a su mente, aunque la pantalla seguía mostrando las escenas de Gloria no se qué, él veía una película aparte, donde el protagonista había sido él mismo. Mientras que la cercana respiración de la mujercita le recordaba el motivo por el que había asistido al cine, había ido a cojerse a Margarita, de nuevo sentiría esa sensación de placer, de culpa, de remordimiento.

Es hora de salir del cine, las ganas me devoran; vamos?

Si Doña Margarita, vamos!

Leave a Comment

/* ]]> */

Online porn video at mobile phone


cuento relatos eroticossexo con mi ginecologosexo mujeres con perroshistorias eroticasme cogi a mi vecinarelatos eroticos cunadorelatos eroticos playa nudistame cojo ami suegrarelatos eroticos voyeurcojiendome a mi maestrame folle a mi maestrarelatos eroticos ilustradosrelatos eroticos de amor filialsexo con su perrorelatos eroticos con mi hermanitahistorias swingerrelatos eroticos incestorelatos eroticos baksexo con alumnarelatos eroticos femeninosfollando a mi secretariarelatos eroticos de gaysrelatos eroticos con videorelatos eroticos compadrerelatos erotcon la suegra xxxrelatos erroticosrelatos eroticos xyzrelatos eroticos de sobrinasreltos eroticosrelatos sobrinaginecologo xxxrelatos zoorelatos eroticos con mi suegrorelato erotico gayrelatos eroticosrelatos eroticos interracialrelatos zoofiliarelatos eroticos compadrerelatos eroticos abuelasrelatos eroticos maestrarelatos eroticos primasrelatos de sexo no consentidohistorias eroticas de lesbianasrelatos eroticos con amigascogiendome a mi secretariavideo relatos eroticosrelatos eroticos cochinaditaszofilia mexicorelatos eroticos en audiorelatos eroticos sexosintabuesporno de todo tiporelatos eroticos de mujeres infielesrelatos eroticos amantesrelatos eroticos comadreshistorias de zoofiliarelatos eroticos de hermanosrelatos eroticos de travestisputas ojo de aguasexo con jovencitas virgenesrelatos eroticos violadasuegras putaserotico xxxel culo de mi suegrarelatos hotrelatos eroticos hijarelatos eroticos para masturbarserelatos eroticos nuevosrelatos eroticos con imagenesrelatos transexualrelatos eroticos mi primera vezconfesiones de incestola mama de mi amigo xxxrelatos eroticos de ninasrelatos eroticos marquezrelatos eroticos de marqueze